Guippone-Taki: a un siglo de la mayor tragedia del boxeo local

El 26 de enero de 1924, en el club Jorge Newbery de Gualeguaychú, el japonés Luis Taki falleció luego de ser noqueado por el concordiense Francisco Guippone. La noticia recorrió el mundo.
Por Roberto Morales

Cuando el 7 de diciembre de 1892 se conoció la ordenanza municipal que calificaba de pecado grave realizar ejercicios boxísticos ante el público en el ámbito de la Capital Federal, nadie podía imaginar la popularidad que con el correr del tiempo alcanzaría tan cuestionada actividad deportiva que por entonces convocaba a multitudes.
Durante 28 largos años se aguardó la derogación de dicha ordenanza que en su contenido decía que “el musculo, la mente y las articulaciones no podían ser desarrolladas merced a los ejercicios naturales”, porque así lo habían dispuesto los ediles.
Al fundarse la Federación Argentina de Box, en 1920, se solicitó la derogación de la ordenanza 1081, que prohibía el pugilismo, argumentando que “dentro del ring el carácter se educa, el cuerpo se fortifica, el hombre se disciplina y el caballero se destaca; fuera del cuadrilátero, estos rendimientos aprovechan al individuo y a la sociedad donde actúan”. Y agregaba: “Tan solo con la popularización del boxeo pueden alcanzarse semejantes resultados”.
La ordenanza finalmente fue derogada en 1921 y así se proclamó la libertad del deporte de los puños.
Valía la pena hacer esta introducción para comprender que nuestra ciudad recién “conoció” el boxeo luego de la “liberación” a que hicimos mención anteriormente, pues, como se puede suponer, en aquellos años todo comenzaba en la Ciudad de Buenos Aires y después el interior se encargaba de absorber, tanto lo bueno como lo malo.
El primer club pugilístico
No acallados los comentarios del gran combate entre Luis Ángel Firpo y Jack Dempsey, el 9 de octubre de 1923 se fundó el Club de Box y Cultura Física “Jorge Newbery”, eligiéndose la primera directiva: Secundino Campbell (presidente), Antonio Narbais (secretario), Guillermo Campbell (tesorero) y los vocales Segundo González, Isidoro Melo, Jacinto Moreyra y Salvador Rippa.
La sede estaba ubicada en la intersección de las calles Paraná (hoy Doello Jurado) y Montevideo, ángulo noroeste, donde los hermanos Campbell habían construido el ring.
Allí comenzaron a acercarse curiosos y aprendices, ávidos de conocer los secretos pugilísticos.
Pese a contar con un lugar exclusivo para desarrollar la actividad, el boxeo llegó muy rápido al mismísimo Teatro Gualeguaychú.
El 20 de diciembre de 1923 se llevó a cabo una exhibición entre Humberto Prado representante del Club Policial de Buenos Aires, campeón de peso liviano y Alfredo Bianchi, pluma, profesor de gimnasia y ex campeón de La Plata.
También hicieron guantes el local Antonio Albariño con el profesional Francisco Guippone, afincado en nuestro medio y protagonista de un desgraciado incidente pocos días más tarde.
La difusión boxística creció rápidamente y cada festival era aguardado con mucho interés. Sin embargo, nadie podría haber imaginado la tragedia sobre el ring…
Eran tiempos en que había que ser muy valiente para subirse a un ring de box y alguien –por entonces- pensaba distinto.
Obsesionado por demostrar que su arte marcial era más que el boxeo, Luis Taki –que trabajaba en el Ejército argentino enseñando su disciplina- produjo un método de desafío tan particular como novedoso.
Envió a todos los cronistas deportivos un comunicado que sostenía que el Jiu Jitsu era más que el boxeo y que quería demostrar la superioridad ante varios boxeadores, en distintos combates.
Uno de los desafiados era el campeón argentino de peso pesado, Luis Ángel Firpo, sin embargo, quien sólo agarró el guante del reto, fue el boxeador, Luis Galtieri, por entonces campeón argentino semi pesado.
La cuestión es que el 15 de julio de 1922, ambos contrincantes subieron el ring. Contra los pronósticos de Taki, el combate terminó con un largo nocaut del japonés. Taki tardó más de media hora en despertarse producto del piñón del argentino.
Al despertar, creyó que estaba en Japón y al darse cuenta de la dura realidad, rompió en llanto maldiciendo su derrota. 400 japoneses presenciaron el combate, apostando por su compatriota Taki.
Dos años más después, fiel al estilo terco japonés, Taki no renunció a su lucha de probar que podía vencer a cualquier boxeador desde su Jiu jitsu y se decidió a recorrer el interior del país.
El sábado 26 de enero de 1924, en el club Jorge Newbery, se programó el combate entre el concordiense Francisco Guippone, de 23 años, y Luis Taki, de 29 años.
Unas 800 personas colmaron las instalaciones, atraídas por el exótico enfrentamiento y muy pronto observarían, defraudados, el triste final.
Contaba don Francisco “Macho” Agesta, espectador en su adolescencia del episodio, que Taki combatió sólo con las manos vendadas, por su condición de profesor de Jiu Jitsu y que se le permitían no sólo aplicar golpes “convencionales” sino también zancadillas, cachetadas, etc. Únicamente tenía prohibido hacer el tradicional “piquete de ojos”.
Ni bien sonó la campana, tras la orden del árbitro Alfredo Bianchi, la notoria diferencia de peso (13 kilos a favor de Guippone) inclinó la balanza a su favor, propinándole al japonés una verdadera paliza, que fue interpretada por la afición como “tongo” debido a la falta de respuesta del nipón.
Al llegar al quinto round, Taki se desplomó al piso y luego de algunos instantes al no reaccionar, se requirió la presencia del médico de policía, doctor Eduardo Goñi, quien constató la muerte del boxeador oriental.
Se labraron las actuaciones correspondientes a cargo del Juez de Feria, Dr. Tancredo Aguilar Torres, quien ordenó la detención de Francisco Guippone y su posterior incomunicación.
A raíz de este suceso, el segundo en el país y –por rara coincidencia- también en Entre Ríos (el otro había ocurrido una semana antes en Paraná donde había fallecido el español José Delgado), la Municipalidad de Gualeguaychú ordenó la clausura de todos los locales de box hasta que el Concejo Deliberante dictara la reglamentación correspondiente.
El 29 de julio de 1924, el Juzgado del Crimen declaró sentencia, absolviendo de culpa y cargo a Francisco Guippone de la imputación de homicidio en la persona de Luis Taki, dejando a salvo su buen nombre, con las costas de oficio.
El japonés Taki fue sepultado en el cementerio norte de nuestra ciudad recién el 3 de mayo de 1924, de acuerdo a los registros oficiales.
Este luctuoso acontecimiento, puso el nombre de Gualeguaychú en las primeras planas deportivas de todos los periódicos y revistas que se editaban, a tal punto que resulta difícil encontrar algún medio que no lo destacara.
Todos los diarios del país lo reflejaron en sus páginas; la revista El Gráfico le dedicó un editorial y la noticia se publicó hasta en la sección deportes del New York Times, tres días más tarde del suceso, el 29 de enero de 1924.

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